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Es de noche, tus piernas se sienten pesadas, caminar resulta tan difícil que prefieres no pensar en ello. Hace demasiado frío; la niebla cubre el horizonte. La luna se ve más distante que cualquier otra noche y el tiempo parece haber agotado su existencia. Por: Fernanda Vasconcelos |
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Un paraíso donde lo tangible se convierte en imágenes musicales y el entorno son luces y vibraciones transcritas a un código universal que rige nuestro principal motor vital, tuvo lugar alguna vez; y ahora descansará en nuestra memoria. Vivir una experiencia como el MX Beat, siempre es deleitable. No importando si es la primera, tercera o segunda vez que acudes; siempre hay algo nuevo que ver, problemáticas diferentes y sobre todo mundos que conjugan sus trayectorias diacrónicamente; augurada por desplegados escritos en clave para quien sabe descifrarlos. La salida a la carretera, siempre resulta emocionante; y afortunadamente la tarifa de la caseta se redujo una semana antes. Lo cual nos permitiría destinar más dinero al evento y las virtudes que trae consigo. La esquiva señalización junto con la obra del aeropuerto de Toluca, logró confundir a más de un conductor. Sin embargo, el instinto “beateano”, permitió corregir la ruta de navegación hacia el destino esperado. Además si se confundía una calle de otra, solo había que seguir al coche con placas del DF. Al final, el camino se convirtió en una arteria citadina, que desembocaba en el estacionamiento de terracería del Centro Pegaso. |
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Accedimos al lugar, el ambiente era similar a una pradera desértica, en la que un grupo significativo de personas terminó varado por meses, había una cierta sensación de pesadez similar a la que se presenta en medio del desierto. Al mismo tiempo, nos dimos cuenta de que estábamos ahí, un instante espacio-temporalmente efímero que solo puede encontrarse una vez al año, cual lumbral a otro plano existencial. Ingresar no resultó difícil, hasta que nos topamos con la fila de acceso para chicos; el lado de nosotras era lo contrario, así que todas las chicas que pasábamos por la “inspección” terminamos esperando alrededor de quince minutos a nuestros acompañantes. Los miembros de seguridad ya no sabían para donde movernos. El registro, como siempre resultó una larga espera, en la cual repetimos los mismos datos de años anteriores, para que al final colocaran en nuestra muñeca derecha un brazalete con números. Los primeros dos eran equivalentes a cuatro cajetillas de cigarros provenientes de ecualizadores. El último número era canjeable por “memorabilia”: una playera o una playera y back pack; dependiendo de tu antigüedad como asistente al evento. Durante todo este tiempo nos dimos cuenta de que el sonido característico del evento se mantenía en el mejor nivel; noticia satisfactoria. |
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La maestría que contienen los integrantes de Cold War Kids, hasta dejarla salir esparciéndose sobre el escenario dejó a todo aquel que fue testigo del acontecimiento pasmado. Para quien gusta de su música y los había visto en alguna presentación anterior, cumplieron sus expectativas; y para los que no habían disfrutado de ellos, o de su sonido en vivo, resultaron satisfechos. The Cribs buscaban mantener al público en el mismo ánimo sin tanto éxito. Su sonido distaba del original, y de alguna forma trazaron una línea que llegaba hasta el feedback. Una carpa, luces de colores, un manto de humo que cual velo, permite a quienes se aventuran a ingresar, transformarse en su alter ego. Sonidos hipnotizantes; un escenario, una banda: Cut Copy. Aquí es donde todo rastro de identidad se pierde haciendo lugar a un punto geográficamente utópico llamado Nu Rave. The Teenagers trajeron consigo el ambiente idóneo para dar paso al espectáculo que muchos esperaban: Digitalism, una máquina perfecta inyectada con la energía proveniente del movimiento constante de cientos de cuerpos balanceándose en el ritmo perfecto; hasta llegar al clímax en el segundo exacto para que cada uno de los asistentes (tratándose de los que vibraban con las voces de los Beastie) acudiera tan rápido como sus piernas se lo permitiesen, acompañándolo por palmadas al ritmo del nombre “Pogo” y coros ensordecedores que recitaban algo así: “there’s something in the air…”. |
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Fuera, el paisaje semidesértico se había convertido en una selva llena de colores, texturas y ondas electromagnéticas que conformaban cada uno de los elementos. Imperio de una mujer, que por medio de un hechizo antiguamente llamado “Galang”, convirtió el baile en ritual urbano. Tal fenómeno suele llevar el titulo de: M.I.A., quien a pesar de ciertos problemas técnicos, su fuerza, y el beat del Dj que le acompañaba nos convirtieron en presas de su maldición. Es cierto, absolutamente todos los víveres, excepto tacos de bistec y la salsa para acompañarles se agotaron aproximadamente cinco horas después de abrir las puertas, la cantidad de agua y el refresco era igual a cero, dejando como única opción la cerveza para terminar con nuestra sed. |
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La enorme nube de tierra se volvía cada vez más densa y la temperatura bajaba hasta llegar algunos grados bajo cero, a lo lejos se podía observar la niebla entre la sombra de los árboles. Mi cuerpo no podía dejar de moverse gracias a la energía que ese lugar me transmitió desde el primer paso que di. Eran ya cerca de las tres de la madrugada; pero no lo noté hasta media hora después, cuando llegamos al coche y encontramos una capa de hielo en el parabrisas y ventanas que nos impidió iniciar el viaje de regreso por un rato… Al fin en casa, con piernas, cuello, pies, brazos, y abdomen adoloridos; hambre y sed, busco a tientas mi cama. Logro quitarme toda la ropa que cubre mi cuerpo y coloco mi cabeza sobre la almohada, la calidez del cobertor es reconfortante. |
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Ahora tengo puesta una playera negra con letras a color y una alegre sonrisa se dibuja en mi rostro. Más de mis canciones favoritas ya no son lo mismo; se han vuelto parte del himno que recita mi vida con cada recuerdo, con cada latido y el pulso que tiende a acelerarse cuando las escucho; transportándome de nuevo a ese instante. Continúo esperando el próximo año, el siguiente portal a esa dimensión. |
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