El pasado Domingo 11 de Enero, el músico irlandés Bono presentó su primera columna en el New York Times después de haber llegado a un acuerdo para realizar 12 publicaciones en este periódico en donde tocará diversos temas. La primera entrega de esta columna fue un homenaje que el músico realizó en memoria del fallecido cantante Frank Sinatra, por lo que El Universal, periódico mexicano, ha presentado una traducción de dicho escrito.
Aquí les dejamos dicha traducción para que dejen sus comentarios:
Hubo una vez, hace un par de semanas…
Estoy en un abarrotado pub de Dublín alrededor de Año Nuevo. Los vasos chasquean, tintinean, chocan, pelean en rebeldía gaélica. Las puertas se mecen; los enamorados aceptan o rechazan las bendiciones de la temporada; los conflictos familiares cesan o se reanudan. Gozo de malta y desesperación de jengibre están todos a la espera de ser servidos en esto que marca un cuarto de milenio desde que Arthur Guiness puso por primera vez la oscuridad aterciopelada en una caña.
Ambiente interesante. El nuevo dinero irlandés ha sido apostado y perdido; la cola del tigre celta se encoge entre sus piernas mientras constructores y banqueros ríen inquieta y ruidosamente por el año viejo, y tragan saliva inquieta y ruidosamente por el nuevo. Hay una voz en las bocinas que alborota a todos, sacándolos del momento: es Frank Sinatra cantando “A mi manera”. Su oda al desafío cumple cuatro décadas este año y todo mundo canta al unísono por toda una vida de razones. Me sorprende la única cualidad de la que su voz carece: sentimentalismo.
¿Es esta voz como puño apretado una clave del próximo año? En medio de la incertidumbre en tu vida laboral, en tu vida amorosa, en tu vida-vida, ¿por qué es la voz de Sinatra tan parecida a una sirena; tanta confianza en tiempos agitados que permite el romance pero te despoja de golpe los lentes tintados de rosa de la nariz si te dejas llevar en exceso.
Apelo a la credibilidad.
Una voz que dice “no me mientas ahora”.
Que dice, “nena, si hay alguien más, dímelo ahora”.
Fabuloso, no de fábula. Honestidad tan palpable que puedes colgar tu sombrero.
Mientras el año se acerca (y con él muchos borrachos), la emoción en el cuarto oscila entre la esperanza y el miedo, expectación y trepidación. Donde quiera que termines, su voz te toma de la mano.
Ahora estoy de vuelta en mi propia casa en Dublín, descorchando un buen vino, listo para el vinagre en que puede convertirse cuando amigos y familia abusamos, como estoy a punto de hacerlo. Justo a un lado del agujero en la pared que es la bodega, me detengo a mirar una visión en amarillo: una pintura que Frank me envió después de cantar “I’ve got you under my skin” con él en 1993 para el álbum Duets. Hecha por su propia mano. Un lienzo amarillo furioso de violentos círculos concéntricos girando a través de un plano desierto. Francis Albert Sinatra, pintor, modernista.
Habíamos pasado algún tiempo en su casa en Palm Springs, que era impresionante: mirando afuera al desierto y las colinas, nada más que eso por kilómetros. Hubo mucho Miles (Davis). Y mucha conversación sobre jazz. Fue cuando me enseño la pintura. Pensaba que los círculos eran como el diámetro de una tuba, la boca de una trompeta, así que se lo dije.
“La pintura se llama jazz, y puedes llevártela”.
Le dije que había oído que él era una de las principales influencias de Miles Davis.
Lacónico, responde:
“Normalmente no me junto con hombres que usan aretes”.
“Miles Davis nunca desperdició una nota, muchacho, ni una palabra con un tonto”.
“La esencia del jazz es el momento en el que estás. Ser moderno no tiene que ver con el futuro. Tiene que ver con el presente”.
Pienso en esto ahora, en este año nuevo. El Big Bang de la música diciéndome que lo importante es el momento, un lienzo fresco y nunca trabajar una pintura en exceso. Me pregunto qué habría pensado del tiempo que nos hemos tardado yo y mis compañeros de la banda en terminar los discos; él, con su famosa impaciencia con directores, productores —cualquiera, en realidad—, armando un alboroto. Estoy seguro de que tiene razón. Habitar plenamente el momento durante ese minúsculo punto de tiempo después de haber apretado “Grabar” es lo que lo hace eterno. Si, como Frank, la cantas como si nunca la fueras a cantar otra vez. Si, como Frank, la cantas como nunca lo hiciste antes.
Si.
No obstante, si quieres oír a la voz menos sentimental en la historia de la música pop sucumbir finalmente (shhhh), busca la versión de Frank a la oda al insomnio “One for my baby (and one more for the road) (Una para mi chica y otra más para el camino), escondida en Duets. Escucha hasta el final y oirás al gran hombre rendirse al realmente sollozar en la frase “es un largo, largo, largo camino”. No es broma.
Como Bob Dylan, Nina Simone, Pavarotti, la voz de Sinatra mejora con la edad, por los años fermentándose en barriles de roble agrietados y llenos de whisky. Como comunicador, alcanzar las notas es sólo parte de la historia, claro.
Los cantantes, más que otros músicos, dependen de lo que saben, y no de lo que no quieren saber sobre el mundo. Aunque hay un peligro en esto —la pérdida de la ingenuidad, por ejemplo, que encierra un cierto poder propio—, la capacidad interpretativa generalmente se beneficia de una vida de buenos abusos.
¿Quieres un ejemplo? Aquí lo tengo. Toma dos de las versiones de Sinatra cantando “A mi manera”.
La primera fue grabada en 1969 cuando el Presidente del Consejo le dijo a Paul Anka, que escribió la canción para él: “voy a dejar el negocio. Estoy harto. Me voy al diablo de aquí”. En esta lectura, la canción es un fanfarroneo —más desprecio que deseo de buen viaje—, encarnando todo el machismo que un hombre puede acumular respecto de los errores que cometió en el camino de aquí a todas partes.
En la grabación posterior, Frank tiene 78 años. El arreglo de Nelson Riddle es el mismo, la letra y la melodía son exactamente las mismas, pero esta vez la canción se ha convertido en una conmovedora, apasionada canción de derrota. El orgullo del cantante se quedó en la puerta. (Este cantante, es decir, yo, está en un charco). La canción se ha convertido en una disculpa.
¿Con qué fin? Dualidad, complejidad. Tuve la suerte de hacer un dueto con un hombre que entendía la dualidad, que tenía el talento de escuchar dos ideas contrapuestas en una sola canción, y la sabiduría para decidir qué lado revelar en qué momento.
Este es nuestro momento. ¿Qué escuchamos?
En el bar, con ocasión de este año nuevo, al elevarse el coro ensordecedor —“I did it my way”—, yo y toda la muchedumbre de encendidos irlandeses escuchamos en esta canción emblemática del cancionero estadounidense los dos lados del cantante y de la canción, orgullo y humildad, ojos azules y rojos.
(Traducción: Gregorio Narváez).







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