Sugestiva, apasionada, voz dotada de fuerza indomable que se apagó hace unos días. Etta James, un alma inconquistable que a pesar del paso del tiempo no pierde ni un gramo de vigencia; falleció el pasado 20 de enero. Dejó este mundo a los 73 años a causa de la leucemia que padecía.
Logró mezclar el jazz, soul, pop, blues, country, rhythm and blues y otros géneros con un particular tono indómito y vulnerable a la vez, que plasmó en temas como “Stormy Weather”, “A Sunday Kind of Love”, “All I Can Do Is Cry” y “At Last”, canciones que interpretó de manera tan elegante como insolente, con tintes histéricos y melodiosos que hicieron de ella una diva inigualable, capaz de competir abiertamente con las voces masculinas más reconocidas de su tiempo.
Poseedora de un espíritu inquietante, figuró como una chica mala de aspecto singular para su tiempo. Hoy deja un legado musical, que si bien no le otorgó el mismo éxito comercial que tuvieron estrellas como Ray Charles o Aretha Franklin, si le dejó un una enorme popularidad, pues se le recordará como una de las grandes cantantes de soul por varias generaciones.




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