El adjetivo anglosajón “kinky” tiene ya un significante socio-cultural en nuestras mentes que responde a una parafilia de fetichismo freudiano; en otras palabras, el tabú mezclado con el sexo. Como siempre, no sabemos el verdadero significado de las palabras que utilizamos al querer pintarnos como grandes conocedores. “Kinky” habla por la tendencia a gustar de una diversidad de objetos concretos o abstractos que no le resulta atractivo a la vox populi; o bien, también se refiere a estar abierto a la experimentación que se arrastra más allá a los parámetros convencionales.
Ya conociendo ésta maravillosa palabra, le aplaudes al conjunto barcelonés La Kinky Beat por su muy ad hoc elección de bautizo, quienes en su prolífera carrera han grabado un considerable número de álbumes y un sin fin de colaboraciones con artistas de toda índole. La parte digna de su mención es la combinación de géneros donde logran que cada canción venga de un nuevo universo, y de ésta manera, todas ellas convergen en la historia de la música poniendo más en claro hacia dónde se dirigen sus energías: la electrónica como esquema y patrón de melodías y arreglos, siendo los ajustes específicos de manera de asimilación o acomodación, el rock, reggae, punk, etc.
Disponiéndome a examinar detenidamente su último producto (Massive Underground), son claros los contextos de donde partieron para cada tema y, con todo y experimentación, su sonido característico no se queda estancado: tintes de drum & bass con reggae y dub que quedan casi irreconocibles por todos los deslavados y aplicaciones de diferentes gamas; el hecho de no tener un verdadero sonido sedimentado por estar en un constante movimiento orgánico con la sociedad y sus demandas es referente a que “lo único permanente es el cambio”. Así, han manipulado la forma en la que se manejan a través del cambio para que trabaje a su favor y disminuya el margen de error con una ambición de estar siempre un paso adelante.
“Love on Line” te hace creer en una pieza de hip-hop hasta que avanza un poco más y se desborda en un reggae, “Interjungle 2.0″ te lleva hasta el centro de una pista de baile de uno de esos antros underground de Bristol donde todos se mueven antinaturalmente bajo los efectos del éxtasis o de un black balloon, “Silly Dream/Animalist” nos lleva a la imagen mental de una Lilly Allen rapeando y “Wrong Love” nos recuerda a M83 con alguna banda grunge de fondo para después recaer en un delirio jamaiquino. Un disco muy divertido e interesante, de fácil acceso emocional.




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