Of Montreal
Paralytic Stalks
Polyvinyl Records
07/Feb/2012
“Pinturas surrealistas convertidas en canciones”
Dice Pitchfork que Of Montreal es una de esas bandas de las que no se sabe a donde llegarán en su próximo disco. Puede ser una virtud o también un defecto, porque entonces podemos decir que no cuentan con un concepto 100% distintivo, que no logran consolidar un estilo de un disco a otro. Bastará simplemente con tratar de imaginar que los Of Montreal de 1999 (The Bird Who Continues to Eat the Rabbit’s Flower) han sido los que hoy han creado Paralytic Stalks.
El asunto hoy es diferente. Antes que nada quiero aclarar que nunca un álbum de esta banda me había gustado tanto como Paralytic Stalks. Su ya muy extensa gama de elementos hoy ha evolucionado, además ha sido enriquecida y sumergida en la más exquisita psicodelia que le hemos oído a Kevin Barnes jamás, incluso desde su aclamado Hissing Fauna, Are You The Destroyer?.
Como un plus a este onceavo esfuerzo, no está de más decir que fue grabado, producido, co-dirigido y realizado por el mismo Kevin Barnes y que, además, todo en el estudio de su casa; clara muestra de que el compositor pasaba por un excelente momento creativo y además, afirma que son composiciones 100% suyas, sin dar lugar a opiniones y/o colaboraciones que pudieran deformar su trabajo.
De esta manera podemos apreciar que después de 10 discos, el talento de Of Montreal ha llegado a la cima de su propia carrera. Por primera vez todas sus virtudes suenan juntas y conviven en armonía; con bases de Funk Psicodelico se mezclan con su siempre ingeniosa lírica, sin descuidar el gancho pegadizo. Nos encontramos que el referente inmediato de Paralytic Stalks es sin duda “Dour Percentage”, donde además de cantar como aquellas etapas doradas del mismo David Bowie, entre el Glam-Rock y la musica Disco, hay unas cascadas no-Wave de música clásica que florecen y cuelgan por las paredes.
Queda claro que la libertad a Barnes le ha ayudado para experimentar lo suficiente, cualquier cosa que le hayamos oído antes al grupo hoy es mejorada, corregida y aumentada; desde el bien construído inicio con “Gelid Ascient” queda manifestada la gran intención y nuevo alcance de Barnes con estallidos de una orquesta envenenada de psicodelia ochentera que son un opening mas que espectacular y nos deposita en terrenos mas Pop con “Spiteful Intervention”, una pieza narcótica y desconcertada, de ritmos cambiantes que colorea un dramatismo irreal de Barnes.
La extravagante orquesta a echo de Paralytic Stalks, algo interesante y en ocasiones divertida, deja claro que Barnes puede cargar con todo y hacerlo bien. “Winterid Debts” y la concluyente “Authentic Pyrrhic Remission” son extraños ensambles de diferentes canciones, comienzan como algo común y de repente la locura las transforma en algo difícil de entender, como un momento de trance en la mente de Barnes que para los últimos momentos vuelve en si y sólo nos muestra el desenlace de la canción.
Incluso el álbum, en sus 9 tracks, está ordenado de la mejor manera. A medio álbum sus 3 pilares corren juntos: la ya mencionada “Dour Percentage”, “We Will Commit Wolf Murder”, un Up-Beat cuidadosamente dibujado en cada instrumento, y “Malefic Dowery”. En la segunda, por momentos escuchamos a un Kevin esquizofrénico, a veces sensual, otras aturdido, pero interpretando una letra diabólica – Hay sangre en mi pelo -. La tercera no rompe el buen momento, baja un grado de intensidad para apreciar de nuevo ese bosque sonoro de flautas y cuerdas que musicalizan una fábula.
Por desgracia, si necesitaba de alguien que modulara sus inquietudes a pesar del misterioso collage de instrumentos, los 7 minutos de “Exorcismic Breeding Knife” no son una “Revolution 9″ y lo único que provoca es anclar y frenar el buen concepto que se había logrado.
También hay puntos en que las canciones suenan sobradas de experimentación, en 10 discos nos ha quedado claro que Barnes es de manos inquietas, pero por el bien de su música no hace falta que siga presumiendo eso, e incluso agregue bloques y bloques de experimentación innecesaria a veces satura el encanto de la canción. Aún así, irónicamente, sigue sonando impresionante, y si sumamos el arte de la portada, parece ser la mejor de sus ultimas surrealistas pinturas.
Hay algo que a Kevin Barnes le sobra, y es su voluntad para seguir explorando y encontrando nuevos horizontes dentro de su infinito pensamiento. Hacer de una pintura abstracta una canción no es algo que cualquier músico tenga como virtud.
Puntuacion: 79%




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